México pierde soberanía alimentaria
desde ciudad espectral
Nuestro ingreso al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), a la modernidad, nos costó entregar parte sustancial de nuestro mercado interno de granos básicos, con la consecuente renuncia a la soberanía alimentaria. Se sacrificó lo sustancial de nuestra agricultura –particularmente la cerealera- y de paso a 3 o 4 millones de familias campesinas, era el costo de nuestra integración a las economías del norte.
Pasamos de ser autosuficientes y exportadores de alimentos básicos, a importar el 40 por ciento de los granos y oleaginosas que consumimos.
En otras palabras, traemos del extranjero: 95 por ciento de la soya de consumo; 58.5 por ciento del arroz; 49 por ciento del trigo; 40 por ciento de la carne que consumimos.
Como consecuencia de lo anterior, de los 8.2 millones de mexicanos que trabajan en el campo la mayoría está en pobreza extrema. Dos de cada tres personas que viven en el campo son indigentes. En 1992, el 35-36 por ciento de la población rural estaba en pobreza alimentaria, hoy, el 52.4. En 1992, el 41.8 por ciento estaba en pobreza de capacidades, ahora el 50.
Los subsidios del gobierno estadounidense a sus productores suman un promedio de 21 mil dólares por productor, en México, 700 dólares. Los subsidios del gobierno norteamericano pasaron de 5 mil millones de dólares en 1994 a 32 mil millones de dólares en el año 2000.
El primero de enero del 2003 se desgravaron por completo todas las importaciones agroalimentarias procedentes de Canadá y Estados Unidos, salvo el frijol, el maíz y la leche en polvo que se desgravarán en 2008. No cuotas y no aranceles para lácteos, carnes, frutas, verduras, granos, oleaginosas.
